AZOTEA ROOFTOP

Una combinación perfecta de cócteles exóticos, música en vivo y una vista panorámica impresionante.

Siempre había oído hablar de Cartagena: la Ciudad Amurallada, las playas, la historia. Mi primera aventura comenzó al visitar la famosa Torre del Reloj, sintiéndome como una turista más, con mapa en mano y un poco de aprensión por los vendedores ambulantes. La Ciudad Amurallada es hermosa, sí, pero también un laberinto de calles llenas de gente, calor y regateo.

Perderme por sus calles fue una mezcla de asombro y frustración. La belleza colonial es innegable, con sus balcones floridos y plazas vibrantes, pero el constante acoso de vendedores y la lucha por encontrar precios justos puede ser agotador. La Plaza de Bolívar es un punto clave, pero también un hervidero de turistas. La Catedral de Santa Catalina de Alejandría es impresionante, pero la cola para entrar puede ser larga.

Subir al Castillo San Felipe de Barajas fue una lección de historia y una bocanada de aire fresco. Las vistas panorámicas son espectaculares, aunque el sol puede ser implacable. El atardecer desde Café del Mar, aunque romántico, es también caro y concurrido; mejor buscar un baluarte menos conocido para disfrutarlo con más calma.

Explorar Getsemaní fue una montaña rusa. El arte urbano es genial y la energía del barrio es contagiosa, pero también hay que estar atento a la seguridad, especialmente de noche. Y las Islas del Rosario… un paraíso, sin duda, pero Playa Blanca en Isla Barú puede estar tan abarrotada que la experiencia pierde un poco su encanto. Quizás buscar una isla menos turística sea la clave. Los tours a las islas requieren presupuesto y es mejor reservar con anticipación.

Mi primera vez en Cartagena fue una mezcla de momentos mágicos y desafíos inesperados. Aprendí a regatear, a desconfiar de las ofertas demasiado buenas para ser verdad, a buscar la autenticidad más allá de los lugares turísticos y a disfrutar de la rica gastronomía local sin arruinar mi presupuesto. Cartagena es un destino increíble, pero requiere una buena planificación y una mente abierta para disfrutarla plenamente.

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